Mi trabajo es un diálogo constante entre lo invisible y lo visible. La resina, con su capacidad de contener capas y luz, es el medio donde convergen dos fuerzas: la abstracción de lo que sentimos y la figuración de lo que imaginamos. Dos lenguajes para una misma búsqueda interior.
La resina me enseñó a hablar en abstracto. Hoy, ese mismo lenguaje me guía hacia la figuración, dejando que las aguas de luz, las texturas, los efectos de profundidad y pigmentos den forma a nuevas obras. Esta colección es el puente entre ambos mundos: donde LO ABSTRACTO RESPIRA Y LO FIGURATIVO NACE.
Mi obra abstracta nace de aquello que no vemos, pero nos condiciona. Trabajo con fuerzas externas —naturaleza, ciclos, energía, tiempo— no como paisajes, sino como estados que atraviesan al ser humano.
El abstracto no explica ni representa; revela. Mi intención no es mostrar lo que miro, sino activar una experiencia en quien observa.
Estas colecciones parten de elementos naturales que regulan la vida sin pedir permiso. La naturaleza aparece aquí como espejo emocional.
El océano es el mapa emocional del ser humano. Estratos de resina que contienen corrientes y silencios.
El Sol como origen. Energía vital y renacimiento.
Ciclos, cambios y el espejo emocional.
La abstracción se vuelve simbólica. Estados de resistencia, tensión y transformación. La abstracción como pulso.
Solo estructura, gesto, ritmo y energía. Lo no verbal.
Piezas únicas que ya han encontrado su lugar.